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Csi Kochi
#11
(12-16-2010, 05:43 PM)ZerOscuro escribió:
(12-16-2010, 04:06 PM)bad_kyo escribió: Se ve que sabes mucho de pelucas lulz

Es que de vez en cuando, por las noches, se transforma en Approduceleche lulz

Fix'd lulz
[Imagen: w5URIAL.png]
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#12
Mi turno!

Spoiler: mostrar
Claramente, nos hallamos ante un asesinato no premeditado, ocasionado por un robo frustrado.

El Sr. Takeda, natural de Murcia, aqui presente como fiambre, como podeis ver vivia en un cabaña a las afueras de la ciudad. 52 años, soltero, sin pareja ni amigos conocidos, supuestamente agricultor poseia una pequeña fortuna. Rumores indican que la fuente de dinero era el tráfico de caracoles en escabeche, muy apreciados por estos lares. Pero no nos alejemos del tema. La reputación que viene al caso esta noche es la de putero y aficionado a los travestis. Varios vecinos aseguraban que en esta entraban mas prostitutas que barras de pan.

Pues bien anoche el Sr. Takeda (natural de Murcia) volvia de fiesta con su mercedes acompañado de Maddie, mas conocida como Manolo Addamantio en referencia a la dureza de... ejem. Prosigamos. Al parecer Maddie no pudo satisfacer al Sr. Takeda (natural de Murcia) con lo que solo cobró la mitad de lo pactado así que salió de la casa hecha una furia de dos metros. ya tenía planeada su venganza, y por ello ya había sustraido de la casa un manojo de llaves.

Lo que ocurrió más tarde, aproximadamente a las 4. AM fue que Maddie se introdujo en la vivienda con la intención de churrimangar el buga del pavo este. Digo, del Sr. Takeda (natural de Murcia). Pero al darse cuenta de que eran las llaves equivocadas, rompió el candado y la puerta de un golpe de pene. La víctima, al oir el ruido, abrió la ventana y al ver el panorama, se armó con el palo de gol que utilizaba para plantar lechugas, y salió a plantar cara a la ladrona, sin pararse ni a coger las alpargatas. Pero Maddie, con la adrenalina que se le salia por la orejas, no le dejó pegar ni dos pasos fuera de la casa. Con una patada rotatoria lo dejó K.O, aunque la víctima pudo alcanzar a quitarle la peluca, para luego pisotearle la cabeza con sus botas de montaña, del número 47. Al verse hasta la rodilla de sangre, intentó limpiarse la bota con la peluca, ya que le encantan esas botas, herencia de su abuela.

Pero da la casualidad que unos chavales pasaban por aquí con la scooter cuando venian de robar naranjas al vecino de arriba, Maddie oyó el ruido y huyo como pudo, dejando el rastro de sangre y peluca rubia hasta detrás de ese arbol, donde lleva escuchandonos todo el rato. Asi que arrestadla chumachos.

- ¿Sabes? Lo curioso es que la semana pasada, mientras estaba en Japón de intercambio policial, me topé con un escenario casi identico, con un crimen muy diferente. Muy japonés.
- ¿Y como son allí?
- Más bajitos y con los ojos rasgados. En fin... podriamos decir que... ya esta bien por hoy.
- ¿? ¿Y ya?
- Joder tio, no se me va a ocurrir siempre algo molón, no?
YYYYYYYYYYYEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH
[Imagen: randomfirma.php]
"A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir a la oscuridad."
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#13
(12-16-2010, 08:03 PM)Guibuu escribió:
(12-16-2010, 05:43 PM)ZerOscuro escribió:
(12-16-2010, 04:06 PM)bad_kyo escribió: Se ve que sabes mucho de pelucas lulz

Es que de vez en cuando, por las noches, se transforma en Approduceleche lulz

Fix'd lulz

Sí, he usado peluca y también sujetador... ¡pero por razones estrictamente profesionales! Ya sabéis, disfrazao de mujer peluda para una actuación de cuando iba al insti.

No hay fotos.

Y usar sujetador pica.
Sin firma porque los de lycos son unos gaznápiros.
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#14
Es por esto que los japoneses nos sacan años de ventaja tecnológica... :LULZ:
Mayor fan de Artanis :3
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#15
Yo creo que está muerto. Hala, a tomar por culo. Me gusta CSI, pero no son horas. Me voy a ver Slayers...
[Imagen: SillyWalk.jpg] [Imagen: Bl3yK0h.png]x071
What a beautiful Duwang!
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#16
Amos a ver:

Spoiler: mostrar
El señor Tanaka, de 39 años de edad, reside actualmente en una pequeña casa de verano perdida en el bosque con su bienamada esposa, la señora Tanaka, de 40 años. Hace un buen dia de primavera, bastante cálido a pesar de las numerosas nubes que cruzan el cielo. El señor Tanaka insistió en pasar unos dias allí "para poder ver el paisaje en flor", decía. La verdad es que no pudo haber elegido dia mejor que aquel. El señor Tanaka es rico. Posee una gran fortuna... bueno, mas bien su mujer posee una gran fortuna. El señor Tanaka es inversor. Gracias al dinero proporcionado por la rica familia de su mujer el señor Tanaka logró tras un par de arriesgados negocios amontonar una pequeña fortuna a la que él declaraba como "suya y de nadie más".

Pero en realidad las capacidades intelectuales del señor Tanaka no llegaban al mínimo exigido como para ser inversor, así que sólo era un tipo con suerte. De esta forma el dinero empezó poco a poco a agotarse, la pareja empezó a discutir y su pequeño mundo color de rosa empezó a venirse abajo.

El dinero del señor Tanaka era del señor Tanaka, pero la deuda que se estaba acumulando era ahora de los dos, lo cual molestó enormemente a la señora Tanaka. Su marido no paraba de repetir que lo habian engañado, que si aquel tipo hizo esto o aquello, perjuraba sobre trampas e injusticia. Pero su mujer sabía que todo aquello era solo un autoengaño, y que su marido es solo un pobre idiota. Cuando él era pobre no hablaba así, trabajaba duro arreglando grifos y cañerias aún sin saber de la fortuna de su amada. Hablaba sobre comprar una pequeña casa en la que los dos vivirian alegremente. "¿Dónde ha quedado ese sueño?" se preguntaba su mujer mientras se paseaba por el bosque. Había decidido alejarse del mal ambiente que había en la casa a pesar del buen dia, pues el señor Tanaka no parecía estar de muy buen humor.

La señora Tanaka ama a su esposo, es por eso que le permite todas estas pequeñas rabietas.

El señor Tanaka, tras discutir (otra vez) con su mujer corta el cesped de su pequeña finca para ver si puede espantar a los demonios de su mente. Recuerda sus dias de fontanero y como le abordaba su sueño de apañar una pequeña casa para él y su esposa mientras desatascaba un retrete o arreglaba una alcantarilla. "¿Porqué no me dijo que era rica?", pensaba a veces "Podría haberme ahorrado todos aquellos trabajos tan humillantes y hoy por hoy seríamos diez veces mas ricos, y mi deuda quedaría saldada con solo sacar un cheque".

El señor Tanaka odia a su esposa por aquellos años en los que sufrió por ella y por los que según él, sufrió en vano.

Las nubes se han levantado. El sol aprieta con fuerza. "¿Qué es este calor?" pensaba Tanaka "Parece que estuviésemos en verano". Efectivamente, aquel calor no era usual en esa región. El señor Tanaka odia el calor.

Oscurece. La señora Tanaka vuelve de su paseo. Al anochecer refresca y la señora Tanaka enciende el fuego. Tras cenar, sacan el vino y olvidan la discusión que tuvieron aquel dia. "Al menos ella no sospecha nada", pensó el señor Tanaka.

La señora Tanaka piensa en la discusión de aquella tarde mientras su marido parece muy acalorado hablando sobre la ardua tarea que le supuso cortar el poco cesped que hay en la casa y sobre que deberian haber sembrado mas para que él pudiese jugar al golf y demás, como él los llamaba, "pasatiempos acordes a nuestro nivel". "¿Qué dijo sobre no renunciar a 'ellos'?" pensaba la señora Tanaka "¿A que se referiría?". La fortuna de la familia de la señora Tanaka, muertos sus padres, comenzaba a disminuir peligrósamente por culpa de las inversiones de su marido. Ella no quería ser pobre como lo él lo fue. Si su marido tenía un plan B tenía que saberlo, así que sacó a la mesa el tema.

Le preguntó acerca de qué estaba tramando. Su marido rehuyó sus preguntas, pero ella se puso muy insistente. Al final volvieron a discutir, su marido se quedó abajo y ella se fue irritada a la cama.

Al señor Tanaka hay algo que le preocupa. Su mujer ha hecho muchas preguntas. Quizás sabe algo. Quizás lo sabía desde el principio. Quizás lo sepa todo y que "ellos" ya no estén. Se están quedando sin dinero, y sabe que eso a ella le aterra tanto como a él. Quizás le traicione y pague la deuda con "ellos", se divorcie y se case de nuevo con algún ricachon. Todavía a sus cuarenta años es una mujer bastante atractiva y no le resultaría dificil, a pesar de usar esas pelucas tan horrendas. No puede más, tiene que comprobar que "ellos" están a salvo. Coje las llaves del garaje y se dirije a él.

La señora Tanaka escucha abrirse el garaje y se asoma desde la ventana del dormitorio, que da justo encima de este, y ve como su marido entra al garaje. Le extraña este comportamiento y se queda observando. Escuchó el sonido de mover cajas. Luego el silencio. Tras hora y cuarto vuelve a escuchar las cajas y ve de apagarse la luz. Se apresura a acostarse. Se hace la dormida. Ni siquiera se quita su peluca.

El señor Tanaka cierra el garaje y se guarda las llaves en los bolsillos, como él acostumbraba. Nunca se separaba de ellas. Los escondía ahí porque al tener él las llaves evitaba el robo y la fuga con "ellos". Pero no está tranquilo. No puede estar tranquilo con el propio enemigo viviendo bajo su mismo techo. Su mujer podría haberselos quitado. Podría haberlo hecho. Podría haberlo descubierto todo. ¿Qué pasaría entonces? El señor Tanaka sabía que su mujer mantenía aún "poderosas" amistades y que podía dejarlo otra vez como lo encontró, como si nada de esto hubiese pasado jamás, como si su matrimonio hubiese sido un profundo sueño del que pronto le harian despertar.

No puede subir arriba a dormir con aquella a la que consideraba el diablo, pues podría quitárselo todo, y angel, pues todo se lo había dado. Se quedó en el sofá, sentado frente al fuego ¿Porqué tenía tanta calor?

Entonces se le ocurrió algo. Algo muy sencillo. El plan perfecto. No debe de renunciar a su preciada posesión. No hace falta. Porque el señor Tanaka es rico. O mejor dicho, su mujer es rica. Su seguro de vida es de millones. Al señor Tanaka le sobran posesiones. Solo hay que deshacerse de una para mantener la otra. Así de facil.

Por eso la señora Tanaka debe morir.

Está decidido. Mira a sus palos de golf y coje uno. Sube a la habitación. "Cariño ¿estás despierta?" pregunta. Su mujer nota algo peligroso en su voz y se yergue rápidamente sobre la cama para un instante después caer de nuevo desplomada.

Lo ha hecho. El señor Tanaka lo ha hecho. Ha matado a su mujer. Le ha dado un buen golpe en la cabeza, seguro que no se levanta. Está muerta. La ha derribado de la cama de un solo y certero golpe. El suelo de madera se cubre lentamente de su sangre. Rápidamente llama a la policía. "¿Policia? Corran ¡Alguien ha matado a mi mujer!" dice. Podría haber dicho cosas mejores, su coartada podría haber sido mejor, pero en realidad las capacidades intelectuales del señor Tanaka no llegaban al mínimo exigido como para ser un asesino.

Pasa el tiempo. Él espera junto a la ventana abierta. Parecía que aquella insoportable calor que le consumia iba cada vez mas en aumento. "¿Que es esto? Debe ser el vino" se decía. No podía aguantarse más. Sin darse cuenta, la sangre de su mujer ha llegado a sus pies y le han manchado las zapatillas. Mira al suelo y ve el reguero de sangre. No está el palo de golf. Mira a la cama pero lo único que ve es a un palo de golf acercándose a su cabeza.

Cae por la ventana, rueda por encima del garaje y cae sobre un bidón y luego al suelo. En la mano sostiene la peluca de su mujer. Había intentado arrastrar a su mujer en la caida, pero eso fue lo único que consiguió. Se apoya en el bidón y se levanta. Deja la peluca. ¿Como puede ser? ¡Su mujer seguía viva! Debe de huir lo más rápido posible con su tesoro. Con el pagaría a un buena bogado y todo aquello sería en defensa propia. Corre a la puerta del garaje y se apresura a sacar las llaves, pero se le caen. Intenta buscarlas ayudado por la luz que salía del salón.

Momentos antes, la señora Tanaka había despertado. Y bastante confusa. Su marido ha intentado asesinarla ¿Como es posible? Debía ser por aquello que ocultaba. Parece que la peluca ha amortiguado el golpe evitando que fuese mortal. Maldito bastardo. Seguro que tenía pensado divorciarse y huir con lo que fuese, dejando a ella con la deuda.. Pues no sería así. No señor. Allí estaba el muy cabrón, tomando el fresco junto a la ventana. Que hijo de puta. La señora Tanaka se levanta silenciosamente y coje el palo de golf con el que la habia golpeado a ella. El tio no ha escuchado nada. De repente, su marido mira al suelo sin razón aparente y ella le sacude lo mas fuerte que puede. El señor Tanaka al caer intenta arrastrarla, pero solo consigue su peluca. Cae por la venta encima del garaje. El techo redondo de éste hace que caiga hacia el otro lado.

La señora Tanaka baja apresurada las escaleras.

El señor Tanaka busca las llaves del garaje y por fin las encuentra. Cuando va a recojerlas mira hacia a un lado. Es su mujer. Y lleva su palo. Intenta defenderse a base de arañazos, mordiscos y tirones de pelo, pero no puede. Es su fin.

La señora Tanaka golpea al señor Tanaka hasta la muerte. Deja el palo a un lado y registra el cadaver de su marido. Está algo confusa a causa del golpe pero sabe muy bien lo que hace. Le quitaría a su marido lo que quiera que tuviese, pagaría la deuda con ello y con lo que le sobre pagaría un buen abogado que demostraría que todo aquello fue en defensa propia. Así que va a buscar las llaves del garaje.

Entra en la casa. Las llaves no están. Su marido debe llevarlas encima. Lo registra y no las encuentra. Vuelve a mirar el palo de golf. A pesar de que es ligero supuso que podía reventar el debil candado de aquella puerta de madera. Hace palanca y arranca el candado, rompiéndolo y rompiendo la puerta. Suelta el palo y registra en las únicas cajas que hay allí. Encuentra una pequeña bolsa de cuero y la vacia sobre su mano. El contenido es pequeño y ligero, pero hermoso. Son diamantes. Doce brillantes diamantes de valor incalculable. Esa debe ser la preciada posesión de su marido. El motivo por el que había intentado matarla aquella noche.

Sirenas. La policía se acerca. La señora Tanaka sabe que si la encuentran allí con aquellos diamantes en la mano y un palo de golf con su huellas ni ella podrá escapar de la carcel. Hay que huir, y deprisa.

Coje el palo de golf y lo limpia con su ropa, lo deja con cuidado a un lado del cadaver. La policia está ya en la puerta principal y llaman a voces al señor Tanaka. La señora Tanaka se ve acorralada, pero no está todo perdido. Podría saltar por encima del garaje a la parte de atrás de la casa y huir bosque a través. Entonces se da cuenta de que está descalza. Sus delicados pies no podrán llegar muy lejos a través del bosque. Le quita los zapatos a su marido y sigue el plan. Sube hasta el garaje con ayuda del bidón sin ponerse los zapatos temiendo que la descubran pues ya está terriblemente cerca.

Salta. Amparada por la protección del garaje, se pone al fin los zapatos y huye lo mas rápido que puede sin saber que tras de ella va dejando un evidente rastro de sangre.

Al fin llega la policía, que descubre el asesinato.

-Señor ¿No era la mujer del Señor Tanaka la víctima?
-Es evidente-dice el jefe de policía mientras se pone las gafas- que sin gafas no veo un pimiento.
¡¡¡YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!

Personalmente, me gusta como ha quedado.

PD: Ahora que lo releo hay un pequeño detalle en el que la he cagado. Espero que nadie se de cuenta de aquí hasta que lo corrija mañana xDDD
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#17
(12-16-2010, 11:09 PM)CucuFaiter escribió: Amos a ver:

Spoiler: mostrar
El señor Tanaka, de 39 años de edad, reside actualmente en una pequeña casa de verano perdida en el bosque con su bienamada esposa, la señora Tanaka, de 40 años. Hace un buen dia de primavera, bastante cálido a pesar de las numerosas nubes que cruzan el cielo. El señor Tanaka insistió en pasar unos dias allí "para poder ver el paisaje en flor", decía. La verdad es que no pudo haber elegido dia mejor que aquel. El señor Tanaka es rico. Posee una gran fortuna... bueno, mas bien su mujer posee una gran fortuna. El señor Tanaka es inversor. Gracias al dinero proporcionado por la rica familia de su mujer el señor Tanaka logró tras un par de arriesgados negocios amontonar una pequeña fortuna a la que él declaraba como "suya y de nadie más".

Pero en realidad las capacidades intelectuales del señor Tanaka no llegaban al mínimo exigido como para ser inversor, así que sólo era un tipo con suerte. De esta forma el dinero empezó poco a poco a agotarse, la pareja empezó a discutir y su pequeño mundo color de rosa empezó a venirse abajo.

El dinero del señor Tanaka era del señor Tanaka, pero la deuda que se estaba acumulando era ahora de los dos, lo cual molestó enormemente a la señora Tanaka. Su marido no paraba de repetir que lo habian engañado, que si aquel tipo hizo esto o aquello, perjuraba sobre trampas e injusticia. Pero su mujer sabía que todo aquello era solo un autoengaño, y que su marido es solo un pobre idiota. Cuando él era pobre no hablaba así, trabajaba duro arreglando grifos y cañerias aún sin saber de la fortuna de su amada. Hablaba sobre comprar una pequeña casa en la que los dos vivirian alegremente. "¿Dónde ha quedado ese sueño?" se preguntaba su mujer mientras se paseaba por el bosque. Había decidido alejarse del mal ambiente que había en la casa a pesar del buen dia, pues el señor Tanaka no parecía estar de muy buen humor.

La señora Tanaka ama a su esposo, es por eso que le permite todas estas pequeñas rabietas.

El señor Tanaka, tras discutir (otra vez) con su mujer corta el cesped de su pequeña finca para ver si puede espantar a los demonios de su mente. Recuerda sus dias de fontanero y como le abordaba su sueño de apañar una pequeña casa para él y su esposa mientras desatascaba un retrete o arreglaba una alcantarilla. "¿Porqué no me dijo que era rica?", pensaba a veces "Podría haberme ahorrado todos aquellos trabajos tan humillantes y hoy por hoy seríamos diez veces mas ricos, y mi deuda quedaría saldada con solo sacar un cheque".

El señor Tanaka odia a su esposa por aquellos años en los que sufrió por ella y por los que según él, sufrió en vano.

Las nubes se han levantado. El sol aprieta con fuerza. "¿Qué es este calor?" pensaba Tanaka "Parece que estuviésemos en verano". Efectivamente, aquel calor no era usual en esa región. El señor Tanaka odia el calor.

Oscurece. La señora Tanaka vuelve de su paseo. Al anochecer refresca y la señora Tanaka enciende el fuego. Tras cenar, sacan el vino y olvidan la discusión que tuvieron aquel dia. "Al menos ella no sospecha nada", pensó el señor Tanaka.

La señora Tanaka piensa en la discusión de aquella tarde mientras su marido parece muy acalorado hablando sobre la ardua tarea que le supuso cortar el poco cesped que hay en la casa y sobre que deberian haber sembrado mas para que él pudiese jugar al golf y demás, como él los llamaba, "pasatiempos acordes a nuestro nivel". "¿Qué dijo sobre no renunciar a 'ellos'?" pensaba la señora Tanaka "¿A que se referiría?". La fortuna de la familia de la señora Tanaka, muertos sus padres, comenzaba a disminuir peligrósamente por culpa de las inversiones de su marido. Ella no quería ser pobre como lo él lo fue. Si su marido tenía un plan B tenía que saberlo, así que sacó a la mesa el tema.

Le preguntó acerca de qué estaba tramando. Su marido rehuyó sus preguntas, pero ella se puso muy insistente. Al final volvieron a discutir, su marido se quedó abajo y ella se fue irritada a la cama.

Al señor Tanaka hay algo que le preocupa. Su mujer ha hecho muchas preguntas. Quizás sabe algo. Quizás lo sabía desde el principio. Quizás lo sepa todo y que "ellos" ya no estén. Se están quedando sin dinero, y sabe que eso a ella le aterra tanto como a él. Quizás le traicione y pague la deuda con "ellos", se divorcie y se case de nuevo con algún ricachon. Todavía a sus cuarenta años es una mujer bastante atractiva y no le resultaría dificil, a pesar de usar esas pelucas tan horrendas. No puede más, tiene que comprobar que "ellos" están a salvo. Coje las llaves del garaje y se dirije a él.

La señora Tanaka escucha abrirse el garaje y se asoma desde la ventana del dormitorio, que da justo encima de este, y ve como su marido entra al garaje. Le extraña este comportamiento y se queda observando. Escuchó el sonido de mover cajas. Luego el silencio. Tras hora y cuarto vuelve a escuchar las cajas y ve de apagarse la luz. Se apresura a acostarse. Se hace la dormida. Ni siquiera se quita su peluca.

El señor Tanaka cierra el garaje y se guarda las llaves en los bolsillos, como él acostumbraba. Nunca se separaba de ellas. Los escondía ahí porque al tener él las llaves evitaba el robo y la fuga con "ellos". Pero no está tranquilo. No puede estar tranquilo con el propio enemigo viviendo bajo su mismo techo. Su mujer podría haberselos quitado. Podría haberlo hecho. Podría haberlo descubierto todo. ¿Qué pasaría entonces? El señor Tanaka sabía que su mujer mantenía aún "poderosas" amistades y que podía dejarlo otra vez como lo encontró, como si nada de esto hubiese pasado jamás, como si su matrimonio hubiese sido un profundo sueño del que pronto le harian despertar.

No puede subir arriba a dormir con aquella a la que consideraba el diablo, pues podría quitárselo todo, y angel, pues todo se lo había dado. Se quedó en el sofá, sentado frente al fuego ¿Porqué tenía tanta calor?

Entonces se le ocurrió algo. Algo muy sencillo. El plan perfecto. No debe de renunciar a su preciada posesión. No hace falta. Porque el señor Tanaka es rico. O mejor dicho, su mujer es rica. Su seguro de vida es de millones. Al señor Tanaka le sobran posesiones. Solo hay que deshacerse de una para mantener la otra. Así de facil.

Por eso la señora Tanaka debe morir.

Está decidido. Mira a sus palos de golf y coje uno. Sube a la habitación. "Cariño ¿estás despierta?" pregunta. Su mujer nota algo peligroso en su voz y se yergue rápidamente sobre la cama para un instante después caer de nuevo desplomada.

Lo ha hecho. El señor Tanaka lo ha hecho. Ha matado a su mujer. Le ha dado un buen golpe en la cabeza, seguro que no se levanta. Está muerta. La ha derribado de la cama de un solo y certero golpe. La moqueta se empapa de su sangre. Rápidamente llama a la policía. "¿Policia? Corran ¡Alguien ha matado a mi mujer!" dice. Podría haber dicho cosas mejores, su coartada podría haber sido mejor, pero en realidad las capacidades intelectuales del señor Tanaka no llegaban al mínimo exigido como para ser un asesino.

Pasa el tiempo. Él espera junto a la ventana abierta. Parecía que aquella insoportable calor que le consumia iba cada vez mas en aumento. "¿Que es esto? Debe ser el vino" se decía. No podía aguantarse más. Sin darse cuenta, la sangre de su mujer ha llegado a sus pies y le han manchado las zapatillas. Mira al suelo y ve el reguero de sangre. No está el palo de golf. Mira a la cama pero lo único que ve es a un palo de golf acercándose a su cabeza.

Cae por la ventana, rueda por encima del garaje y cae sobre un bidón y luego al suelo. En la mano sostiene la peluca de su mujer. Había intentado arrastrar a su mujer en la caida, pero eso fue lo único que consiguió. Se apoya en el bidón y se levanta. Deja la peluca. ¿Como puede ser? ¡Su mujer seguía viva! Debe de huir lo más rápido posible con su tesoro. Con el pagaría a un buena bogado y todo aquello sería en defensa propia. Corre a la puerta del garaje y se apresura a sacar la llave, pero se le caen. Intenta buscarlas ayudado por la luz que salía del salón.

La señora Tanaka ha despertado. Y bastante confusa. Su marido ha intentado asesinarla ¿Como es posible? Debía ser por aquello que ocultaba. Parece que la peluca ha amortiguado el golpe evitando que fuese mortal. Maldito bastardo. Seguro que teenía pensado divorciarse y huir con lo que fuese, dejando a ella con la deuda.. Pues no sería así. No señor. Allí estaba el muy cabrón, tomando el freco junto a la ventana. Que hijo de puta. La señora Tanaka se levanta silenciosamente y coje el palo de golf con el que la habian golpeado a ella. El tio no ha escuchado nada. De repente, su marido mira al suelo sin razón aparente y ella le sacude lo mas fuerte que puede. El señor Tanaka al caer intenta arrastrarla, pero solo consigue su peluca. Cae por la venta encima del garaje. El techo redondo de éste hace que caiga hacia el otro lado.

La señora Tanaka baja apresurada las escaleras.

El señor Tanaka busca las llaves del garaje y por fin las encuentra. Cuando va a recojerlas mira hacia a un lado. Es su mujer. Y lleva su palo. Intenta defenderse a base de arañazos, mordiscos y tirones de pelo, pero no puede. Es su fin.

La señora Tanaka golpea al señor Tanaka hasta la muerte. Deja el palo a un lado y registra el cadaver de su marido. Esta algo confusa a causda del golpe pero sabe muy bien lo que hace. Le quitaría a su marido lo que quiera que tuviese, pagaría la deuda con ello y con lo que le sobre pagaría un buen abogado que demostraría que todo aquello fue en defensa propia. Así que va a buscar las llaves del garaje.

Entra en la casa. Las llaves no están. Su marido debe llevarlas encima. Lo registra y no las encuentra. Vuelve a mirar el palo de golf. A pesar de quees ligero supuso que podía reventar el debil candado de aquella puerta de madera. Hace palanca y arranca el candado, rompiéndolo y rompiendo la puerta. Suelta el palo y registra en las únicas cajas que hay allí. ENcuentra una pequeña bolsa de cuero y la vacia sobre su mano. El contenido es pequeño y ligero, pero hermoso. Son diamantes. Doce brillantes diamantes de valor incalculable. Esa debe ser la preciada posesión de su marido. El motivo por el que había intentado matarla aquella noche.

Sirenas. La policía se acerca. La señora Tanaka sabe que si la encuentran allí con aquellos diamantes en la mano y un palo de golf con su huellas ni ella podrá escapar de la carcel. Hay que huir, y deprisa.

Coje el palo de golf y lo limpia con su ropa, lo deja con cuidado a un lado del cadaver. La policia está ya en la puerta principal y llaman a voces al señor Tanaka. La señora Tanaka se ve acorralada, pero no está todo perdido. Podría saltar por encima del garaje a la parte de atrás de la casa y huir bosque a través. Entonces se da cuenta de que está descalza. Sus delicados pies no podrán llegar muy lejos a través del bosque. Le quita los zapatos a su marido y sigue el plan. Sube hasta el garaje con ayuda del bidón sin ponerse los zapatos temiendo que la descubran pues ya está terriblemente cerca.

Salta. Amparada por la protección del garaje, se pone al fin los zapatos y huye lo mas rápido que puede sin saber que tras de ella va dejando un evidente rastro de sangre.

Al fin llega la policía, que descubre el asesinato.

-Señor ¿No era la mujer del Señor Tanaka la víctima?
-Es evidente-dice el jefe de policía mientras se pone las gafas- que sin gafas no veo un pimiento.
¡¡¡YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!

Personalmente, me gusta como ha quedado.

PD: Ahora que lo releo hay un pequeño detalle en el que la he cagado. Espero que nadie se de cuenta de aquí hasta que lo corrija mañana xDDD

Si no lo has arreglado ya, te he jodido la vida xd
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